martes, 16 de junio de 2009
Hamlet dejó de confiar en todos y en todo y se refugió en su propia "locura". En esta circunstancia surgió la famosa duda:[u] ¿Ser o no ser?[/u]Esta duda encerraba otras preguntas: ¿Actúo o me inhibo? ¿Cumplo con el deber de la venganza, asesinando a mi tío, quién a su vez asesinó a mi padre? ¿Continúo aparentando mi locura, o revelo lo que el fantasma me confió?La forma en que me siento identificada con Hamlet es tremenda. El príncipe vivía bajo presión y eso no lo permitía ser. Igual me pasa a mí: vivo bajo las presiones de una sociedad superficial, donde las dudas ya no son ser o no ser, son: ¿Ir o no ir? ¿usar o no usar? ¿comer o no comer?. Todo esto, a las personas "diferentes" como yo nos hace preguntarnos lo siguiente: ¿qué se supone que debo hacer? ¿a quién se supone que tengo que seguir? ¿quién se supone que decide? Me cansé de tratar infructuosamente de aglutinar dentro de mi ser aquellas cualidades que los demás quieren ver. Me cansé de seguir a los otros, me cansé de que todos sean clones, me cansé de no ser. Actuando bajo presión actúo mal. Es así de simple. Si hago esto o aquello, me exluyen; si no lo hago, me exluyen más aún. ¿Qué se supone que tengo que ser?En base a esto digo y afirmo: sólo podré conocer la fuerza del viento tratando de caminar contra él, no dejándome llevar. No soy diferente, no al menos en el sentido que todos le dan a esa palabra. Prefiero los términos rebelde, revolucionaria (y no digo esto porque mi ego sea alto); porque rompo con los esquemas, con las normas de la estúpida sociedad, con "lo que se supone que..." y eso puede ser considerado una virtud o un inmenso defecto. Y aunque esto me traiga concecuencias que más de una vez me hagan llorar, no hay forma de cambiar quién soy. La rebeldía es una marca registrada... y de muy pocos. Me recuerdo a mí misma: [u]los grandes sólo parecen grandes cuando estoy de rodillas. [/u]
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